Escuchar y transformar la ciudad
El urbanismo contemporáneo ya no puede entenderse como una simple disposición de volúmenes y calles sobre un plano en blanco. En un contexto de crisis climática, tensiones sociales y transformación tecnológica, la ciudad se ha revelado como un ecosistema complejo que exige una mirada mucho más profunda y, sobre todo, más humana.
En este escenario, la conversación entre Xavier Rico, de URBIQ, e Iñaki, socio fundador de Paisaje Transversal, se nos presenta como un documento interesante para entender hacia dónde camina la planificación de nuestro entorno.
El origen de una visión crítica
Paisaje Transversal no nació en un despacho convencional, sino en la crítica académica durante los años de la burbuja inmobiliaria (2007). Iñaki recuerda cómo un grupo de estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Madrid empezó a cuestionar un modelo de diseño urbano que ignoraba el medio ambiente y la calidad de vida colectiva.
Lo que comenzó como un blog y una asociación para organizar talleres ha evolucionado hasta convertirse en una oficina profesional con 15 personas y sedes en Madrid, Valencia, Barcelona y el País Vasco, consolidándose como un referente en la regeneración urbana.
El mantra: “Escuchar y transformar”
Si hay una frase que sintetiza esta nueva manera de hacer, es el claim que da título al libro de Paisaje Transversal: “Escuchar y transformar la ciudad”.
Para Iñaki, el papel del urbanista ha cambiado radicalmente: ya no es un analista distante ni un académico encerrado en las ideas, sino alguien que debe dedicar tiempo a construir conjuntamente.
Esta “escucha” es multidimensional: hay que escuchar a la ciudadanía, a los agentes sociales y a los técnicos, pero también a los datos y al entorno. La parte de la “transformación” es el compromiso con la acción real; como dice Iñaki, hay que “mojarse” y ensuciarse las manos con proyectos que mejoren realmente los territorios y la vida de sus habitantes.
La potencia del dato: Objetivar lo subjetivo
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista es la discusión sobre la metodología de trabajo. La clave reside en el cruce entre el análisis cuantitativo y el cualitativo. Por un lado, se utilizan los Sistemas de Información Geográfica (SIG) para analizar variables científicas e indicadores urbanos basados en datos objetivos. Por otro, esos datos se contrastan con lo que Iñaki denomina “indicadores participativos”. Mediante tablas de datos y miles de interacciones ciudadanas, son capaces de recoger sensaciones y opiniones para clasificarlas como positivas, negativas o propositivas.
Este “condensador de flujo” de datos permite obtener un mapa diagnóstico mucho más fiel a la realidad que el simple open data. Aun así, Iñaki lanza una advertencia necesaria para la era del Big Data: “los datos son fríos” y se pueden “torturar” para que digan lo que uno quiera. Por tanto, la decisión final debe recaer en el profesional, que utiliza su intuición —entendida como una “suma gigantesca de saberes”— para tomar decisiones con conocimiento.
IA y el “Robot Humano”
Al hablar de tecnología, la Inteligencia Artificial (IA) aparece no como una varita mágica, sino como una herramienta de aceleración exponencial. Iñaki explica cómo el uso de la IA les ayuda en tareas mecánicas de redacción y, especialmente, en lo que denominan “B-Coding”: el uso de código (Python) para crear herramientas propias que permiten llegar más lejos en la gestión de datos.
Sin embargo, la postura es clara: la IA nunca debe sustituir la capacidad subjetiva del urbanista. “Seguimos siendo robots mucho más complejos que las máquinas”, afirma Iñaki, instando a los profesionales a no ser perezosos y a no ceder nunca la intuición a la tecnología.
Gobernanza y las 3 reglas de oro de la participación
La conversación también sirve para rescatar el concepto de participación ciudadana, que a menudo ha quedado vaciado de contenido. Iñaki prefiere hablar de Gobernanza, entendida como la construcción conjunta de decisiones entre políticos, técnicos, ciudadanos y agentes privados.
Después de 20 años de aprendizaje, Paisaje Transversal ha destilado tres reglas de oro para que un proceso funcione:
- Honestidad: hay que ser claros desde el principio sobre qué se puede decidir y qué no.
- Coherencia: nunca se debe hacer participación sin un proyecto real asociado. Hacer perder el tiempo a la gente es el peor error que se puede cometer.
- Multiplicidad de canales: para que el proceso sea transparente y seguro, hay que ofrecer desde redes sociales y webs hasta formularios en papel para las personas mayores.
La ciudad como obra colectiva y sin autor
Una de las reflexiones más potentes y honestas del encuentro gira en torno a la autoría en el urbanismo. Frente a la figura del arquitecto “genio”, Iñaki sostiene que “los proyectos urbanos no son de autor, son de la comunidad”.
Dada la lentitud de los procesos urbanos —que pueden durar décadas— y el hecho de que un proyecto pasa por cientos de manos (distintos equipos políticos, técnicos y empresas de urbanización), la transformación de un barrio es siempre la suma de muchas personas que han trabajado bien a lo largo del tiempo. Esta visión exige una gran humildad profesional.
El dilema de la regeneración y la política
Finalmente, la entrevista aborda el concepto de regeneración urbana, especialmente en entornos vulnerables como el barrio de La Mariola, en Lleida, o el ensanche de Albacete. Iñaki recuerda que el urbanismo no es neutro; es política. Cada decisión que se toma sobre la naturalización de una calle o la mejora de una vivienda tiene una dirección y un impacto social.
Esto nos lleva a un dilema sin respuesta única: ¿cómo mejorar un barrio sin expulsar a su población (gentrificación)? La regeneración es un tema delicado que, según Iñaki, solo puede abordarse seriamente si existen políticas públicas de vivienda potentes, algo que sigue siendo una asignatura pendiente.
Conclusión: La ética del error
La conversación se cierra con un ejercicio de honestidad brutal: la necesidad de evaluar las políticas públicas. Iñaki apuesta por volver a los lugares donde se ha intervenido, medir si los indicadores de salud o población han mejorado y aprender de los errores.
Esta mentalidad de mejora continua y transparencia es, en definitiva, lo que define el Urbanismo 4.0: una práctica que utiliza el máximo rigor tecnológico para servir, con humildad, al bienestar de las personas.